Boceto De Sueños Escritos | Caracas, Ciudad De Opuestos II

Como les comentaba en mi  anterior publicación, la adaptación tocó mi puerta, o mejor dicho, la derribó con un ariete y me hizo aceptarla con las manos arriba. En mi realidad diaria, mimetizarse con el resto es un requerimiento obligatorio para no resaltar y así disminuir las posibilidades de ser víctima de un robo.

Así es como mi forma de hablar cambia, uso el “lenguaje de la calle” para responder a simples preguntas de la gente, camino mirando al frente como si nada me preocupara mientras por dentro temo por la seguridad de mis pertenencias. Poco a poco, aquellos valores que cargaba con honor y orgullo como la empatía y la solidaridad quedaron a un lado y se convirtieron en antiguos accesorios del pasado. La barbarie se hizo un pequeño lugar en mi ser, y esa sinceridad que me hacía hacer contacto con la realidad del resto se fue apagando.

No fue hasta salir de mi sesión de fisioterapia cuando me dí cuenta de tan lamentable hecho. Allá pude hacer contacto con otra Caracas, otros rostros. Estos rostros viejos pero olvidados no estaban muertos en vida, ni buscaban acabar con la vida de nadie. Buscaban ayudar, querían aportar en el desarrollo de un país en ruinas con una sonrisa y toneladas de conocimiento. Los pacientes, todos ellos sonrientes, saludando con un buenas tardes sin importar que fueses un conocido o alguien completamente extraño. La cortesía, la amabilidad y la ciudadanía imperaban en ese lugar como una especie de utopía venezolana, de esas que me visitan por las noches mientras duermo.

En ese ambiente mis adaptaciones a la barbarie quedaron completamente obsoletas y eran motivo de vergüenza y ocultamiento. Para nada servían en ese lugar, el Yo que siempre fui podía ser y no temer por su integridad física. Fue un momento de re-encuentro conmigo mismo, de darme cuenta que vivo en una ciudad de opuestos. Una ciudad donde suceden masacres por parte de cuerpos policiales y bandas criminales por igual, mientras una orquesta realiza una sinfonía de Mozart frente a un público casí inexistente. Algunos comen de la basura, mientras otros enseñan poesía. Unos destruyen, otros salvan vidas. Todo, en el mismo lugar, frente al Ávila.

La brecha es enorme, y nos toca atarla. Tenemos que juntar esas dos realidades, jalar a los buenos que estan del lado malo, recordarles que no todo es lo que ven día a día. Yo logré recuperar mi sencibilidad por lo humano, gracias al contacto con ciudadanos, pero sino hubiese sido por ello, seguiría sobreviviendo en las entrañas de la ciudad, con un rostro inexpresivo, ignorante del dolor ajeno y entre cuerpos sudados, muertos pero aún latiendo.

 

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Músico, flautista, arreglista y escritor. Since 1995. Caracas, Venezuela

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