Bocetos De Sueños Escritos | Re-Descubriendo La Ciudad

Bocetos De Sueños Escritos | Re-Descubriendo La Ciudad

Hace un par de días me encontraba tomándome un café en la Galería de Arte Nacional  de Caracas. Al finalizar, tenía que ir a la Universidad Central de Venezuela a reunirme con unas personas. La Galería de Arte Nacional queda cercana a la estación de Colegio de Bellas Artes,  y la Universidad queda a unas tres de estaciones de allí, pero haciendo un cambio de tren terrible. No tenía muchos ánimos de recibir codazos y empujones, así que me dije: “Pues me voy caminando.”.

En el camino me encontré con una bifurcación, o me iba por el bulevar de Quebrada Honda (mi habitual ruta) o me introducía en las frondosidades del Parque Los Caobos. Dudé que al cruzar el parque hubiese una puerta abierta que me permitiese continuar mi camino hacia la universidad, pero decidí ir por el parque de todos modos; pensé que si me tenía que devolver, el paseo entre la naturaleza y el silencio habrían recompensado el tiempo perdido.

Tenía muchísimo tiempo que no iba al Parque Los Caobos, y la sorpresa que me llevé fue bastante grata. No solo pude disfrutar de un ambiente de paz, sombra y silencio, sino que en mi camino me crucé con la fuente El Venezolano, una obra de arte hermosa que funcionaba a la perfección, expulsando chorros de agua a más de 3 metros de altura.

El sonido del agua me cautivó y entré en un estado contemplativo por un momento. Al reflexionar sobre el por qué de mi asombro y alegría al ver la fuente, me di cuenta que la razón principal de mi placer era ver que la fuente funcionaba. No eran las hermosas esculturas de cuerpos de tamaño real, no era el fondo de árboles que protegían de un sol inclemente, no… era simplemente, que la fuente funcionara. Luego, unos pasos más adelante, pensé: “fue la fuente que me sorprendió, pero pudo haber sido cualquier otra cosa que sirviese. Estoy condicionado a que nada sirva en este país, y al ver algo funcionando, me he alegrado”.

Inmediatamente sentí una sensación de frustración e impotencia por vivir en un país donde sus ciudadanos se alegren por ver una fuente que sirve, por un producto de primera necesidad en la estantería del abasto más cercano, o cualquier simplicidad que para cualquier otra persona es algo completamente normal. Sin embargo, me detuve a tiempo y me dije: “esto me hizo sentir bien, no tiene por qué convertirse en otra queja. Hoy descubrí un lugar hermoso dentro de la ciudad, ¿pero cuántos más no habrán?”.

Nuestra actitud negativa, cansada y derrotada sirve como velo oscuro que nos impide ver lo hermoso dentro del caos. ¡De verdad existe! Hay una Caracas oculta, una esperando por ser re-descubierta por sus habitantes para ser redimida, respetada y cuidada por todos. Vivimos tiempos oscuros, donde cada detalle que te nutra, por pequeño que sea, es un gran tesoro que hay que valorar y usar para seguir adelante en medio de la tormenta.

Por mi parte, voy a mantener los ojos bien abiertos, re-descubrir esos espacios que día a día transito, llenarlos de un significado diferente que me llene de motivación para seguir adelante con mis objetivos. ¿Qué tal si todos hiciéramos lo mismo? Tal vez habrían menos caras duras y largas, tal vez se cuidarían más los espacios.

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Músico, flautista, arreglista y escritor. Since 1995. Caracas, Venezuela

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