Reflexiones | Tiempo e inmigración

Reflexiones | Tiempo e inmigración

Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extrañan lo sitios, sino los tiempos.

-Jorge Luis Borges. 

Últimamente me he visto reflexionando a menudo sobre la inmigración. Hace unos cuantos artículos atrás, hablaba de cómo todos los venezolanos somos inmigrantes; los que se quedan, los que se van, todos sufrimos la distancia de la amada patria.

Fue Borges con su comentario citado anteriormente quien me dio el significante para comprender el por qué del fenómeno. No es un espacio territorial lo que se anhela, es un tiempo, es un cúmulo de momentos vividos dentro de esa materialidad. Esos retratos, acompañados de circunstancias sociales, económicas, políticas, de amigos y ex-amigos; es lamentablemente irrepetible.

Los que decidimos quedarnos en Venezuela (por ahora), seguimos extrañando nuestro país. Sentimos nostalgia del “ta’ barato dame dos”, sentimos nostalgia del hampa infante y de personalidad introvertida. Extrañamos los anaqueles repletos, las neveras llenas y el corazón vacío de miedo a salir después de las 6:00 PM.

Homero nos engañó. No con sus héroes y dioses, sino con la farsa de una tierra que tras 8 años de huerfandad permanecía inmutable a la espera de su rey. De Homero a Borges hay mucho trecho, es verdad. El cuento del argentino es la puerta a la narrativa contemporánea, al Boom Latinoamericano y a los nuevos intentos de retratar la realidad a través de su ficción solapada y negada por la mayoría.

Tal vez debería buscar respuestas a mis nostalgias en Javier Mantovani, otro argentino con Nobel. Tal vez El Ciudadano Ilustre tenía razón. “No hay que volver a Ítaca.” o  al menos no es requisito indispensable para la felicidad del venezolano. Edgard Ramirez lo decía en su cuenta de Instagram en estos días (palabras más palabras menos): Hay que llevar a Venezuela en el corazón…la mejor manera de ayudar a Venezuela es hacer del país que nos reciba un mejor lugar para vivir… La Venezuela que extrañamos ya no existe ni volverá a existir….

Son declaraciones frías y dolorosas, pero tal vez más apegadas a la realidad borgiana que a Homero. Nuestra nación ha muerto, la joven promesa del siglo XX, ya no es. Vivimos en un estado fallido, un territorio secuestrado por los más crueles asesinos, narcotraficantes y terroristas de nuestra era. Algún día eso cambiará, tengo fe de ello. Sin embargo, el día que la revolución acabe y la república nazca de nuevo, las amistades, la familia y demás recuerdos, ya no estarán con nosotros. Yacerán fuera de nuestras fronteras, o bajo tierra. Es tiempo de aceptar esa realidad y repensar un país que nos pide a gritos volver a nacer, con caras nuevas en los curules, con ciudadanos en las calles y vivos criollos tras las rejas.  El trabajo que nos toca es difícil, pesado y confuso. Los tiempos de hoy nos obligan a dejar el mito y sus barcos,  y prepararnos para la construcción de una nueva nación donde lo necesario ya no existe, y lo malo sobra.

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Músico, flautista, arreglista y escritor. Since 1995. Caracas, Venezuela

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