Ulog #3 | Rodando Por El País

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Soy un guaro viviendo en Caracas. Desde hace un par de años estudio en la ciudad capital. En estas épocas del año ya es costumbre regresar a la tierra que me vio nacer, reunirme con familiares y amigos y, sobre todo, descansar de la locura caraqueña.

Este año el viaje lo hice un par de veces, me vine a Barquisimeto unas semanas antes a despedir un familiar que se iba del país, y luego regresé a Caracas para buscar a mi novia y al bebé.

Acabo de llegar de esa odisea, ya estoy de nuevo en Barquisimeto, cansado, con sueño y sin nada de dinero en efectivo, pues me lo quitaron todo los choferes.


La situación del país es una locura con respecto a todo, pero para no hacer un post de 99999999999 palabras, hoy voy a hablar solo sobre el tema del transporte:

Hablar del transporte me obliga también  hablar del problema del dinero en efectivo. En una día normal, puedes realizar retiros en el banco entre 20 y 40 mil bolívares después de perder toda tu mañana en una cola; llegar a los 100 mil es cosa de extrema suerte que pocas veces sucede.

El boleto más económico Bqto-Ccs esta en 700000 bolívares en efectivo, y 2100000 bolívares por el punto de venta,  es un autobús que casi nunca esta disponible y debes ir todos los días al terminal a preguntar si va a salir. Luego tienes la opción de los autobuses “piratas”, manejado por transportistas sin compañía registrada que cobran 1500000 bs en efectivo, o 6000000 en transferencia. Por último, tienes la opción de pagar 1300000 por transferencia, eso si puedes aguantas más de 24 horas sentado en el piso de un terminal sucio y caluroso mientras esperas a que los choferes se apiaden de ti y así te permitan comprar el pasaje como la ley lo estipula.


Me fui a Barquisimeto con suficiente efectivo como para tomar la opción uno (la más segura de todas con respecto a integridad física). Cuando llegué a Caracas, dormí y a las 7 de la mañana ya me encontraba en el terminal de esa empresa intentando comprar el boleto. No lo logré. Duré desde las 7 am hasta la 1:30 pm esperando con los dedos cruzados ya que, si tres personas faltaban al bus que iba a salir a las 10:00 am, yo iba a lograrme montar junto con Luisana y Damian. Ese bus, debía llegar a las 10:00 am, luego anunciaron un retraso y dijeron que llegaría a la 1. Pasó la hora, y nada que llegó el anhelado pedazo de metal con ruedas.

Decidí irnos de ahí y probar suerte en La Bandera (el terminal de mayor afluencia de la ciudad). La suerte me sonrió bastante pues me conseguí con una cola pequeña y en tan solo 30 min ya había comprado un pasaje para las 11 de la noche con mitad del dinero en efectivo, y el resto con el punto de venta. Eran las 3 de la tarde, así que la espera sería larga, calurosa y muy, muy aburrida.

Tomé los cuadrados de 5 cm de papel reciclados que hacían el intento de pasar por boletos de autobús y los guardé en el bolsillo chiquito del jean —ese que parece ser más inútil que un apéndice— Nunca guardé con tanto celo unos pedazos de papel… tal vez eso cambie si me llego a ganar el Kino algún día….


 


Fuente

Luego de pasar la tarde haciendo preparativos, Luisana y Damian llegaron en un taxi que cobró 3 veces más por el servicio que el  autobús que nos iba a movilizar  por 300 km hacia occidente del país. Entramos al terminal y nos recibió una muchedumbre de hombres, mujeres y niños que pernoctaban el lugar con la esperanza de poder encontrar  un pasaje al día siguiente.

Luego de una hora desalojaron a todos menos a los que tenían boletos, y así fue que todo quedó extrañamente silencioso, hasta que apareció el autobús.

Monté las maletas en el vehículo, me pidieron más dinero para permitirme cargar el coche del bebé, y yo, ya cansado del canivalismo, los ignoré; como dicen, “hecho el Willy” me metí con todo y coche, y nada pasó.


Una noche fría, con un autobús repleto de gente temblando en sus asientos y en el pasillo, antecedió al confort de la cama conocida y la complicidad del aparato que me permite compartir la odisea venezolana con ustedes.

Canívales con cédula, Cíclopes con uniforme de militar y sirenas vendiendo café en las alcabalas.

Yo llegué a mi Ítaca, muchos otros apenas cortaban distancia siendo tierras extranjeras su destino final.

 

Que Atenea lleve con bien a toda la sangre venezolana que se derrama por toda latinoamérica desde las venas de su madre agonizante. 

 

 

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Músico, flautista, arreglista y escritor. Since 1995. Caracas, Venezuela

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