Confesiones de un músico: aprendiendo a tocar por tocar

Confesiones de un músico: aprendiendo a tocar por tocar

Tengo más de 15 años tocando un instrumento, y en este momento estoy aprendiendo a tocarlo porque si, por placer, porque quiero. ¿Cómo es eso posible? El sistema, la sociedad, la ignorancia.

No todo el tiempo fue así, recuerdo aún esa primera vez que escuché una flauta. Tenía unos 7 años y una muchacha estaba tocando El Diablo Suelto de Heraclio Hernandez, un arreglo para flauta del maestro Toñito Naranjo (quien después tendría el placer de conocer). Fue un amor a primera vista, desde ese momento supe que lo que quería hacer era tocar flauta.

Eso se mantuvo por un tiempo, me gustaba tocar, era flojo que jode para el estudio, pero si me gustaba. Luego pasó el tiempo y empezaron las competencias. Primero, los talleres para entrar a la orquesta, nos sentaban en orden de mayor a menor teniendo en cuenta “el nivel” que la profesora consideraba que teníamos. Eso, a pesar de que eramos todos unos niños, generaba cierta tensión en el grupo, cierta competencia malsana que corrompía las posibles amistades que podían salir de allí.

Después fue la orquesta, más competencia. Por ser la primera flauta, por ser el principal, por hacer el solo, por afinar primero, etc, etc… Al avanzar en el mundo de las orquestas, se agregaron las audiciones, ese cruel acto que aún hoy en día sigo teniéndoles un pavor inigualable.

En algún lugar del camino me perdí. Se me olvidó tocar por amor, porque me daba la gana. Tocaba porque podía, porque era capaz de hacer sonar mi instrumento como muy pocos, y porque me exigían que debía mantenerse así. Se me olvidó hacer música. Empecé a hacer gimnasia con los dedos.

¿Saben por qué me di cuenta? Porque dejé de hacer esa gimnasia, no porque quise, sino porque no pude más. Mi cuerpo se rompió, dijo basta y no siguió a mi ritmo. Mis labios dejaron de acatar mis órdenes y desde hace un par de años aprendo a entenderlos otra vez.

La vida se me hizo nada. Todo perdió sentido, lo que aprendí que es, ya no era. Si me dijeron que valía por lo que tocaba, y ya no tocaba más…¿entonces ya no valía? Tuve que reinventarme, aprender que siempre seré músico, toque lo que toque, o si simplemente decido escuchar, componer, arreglar o educar; siempre seré músico. Pero es solo lo que hago, es mi pasión, mi profesión, pero no soy yo. Yo…yo soy Miguel, y eso significa mucho más que gimnasia, disciplina y 10 horas de estudio diarias.

Escribo esto después de una sesión de estudio exitosa. Estoy muy contento, no solo porque la flauta me va sonando cada vez mejor, sino también porque me di cuenta que estaba demasiado equivocado. Lo importante era tocar, no cómo, simplemente era tocar y decir algo, expresarse. Hoy lo hice, y estoy feliz por ello.

Nos vemos en un par de días, les tendré una música muy bonita para todos ustedes.

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Músico, flautista, arreglista y escritor. Since 1995. Caracas, Venezuela

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